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PRÓLOGO

Mis gustos son sencillísimos. Siempre estoy satisfecho con lo mejor.

Oscar Wilde

 

Quienes participamos en el fructífero desarrollo del proyecto educativo de la Escuela Municipal de Música de Santiago vivimos con emoción esta realidad como una sucesión de retos y de oportunidades a la altura de las más exitosas realizaciones culturales que fueron conformando el proyecto cultural en el que se embarcó hace ya algunos años la ciudad. Mario Diz se integró de forma activa en los inicios, consciente de la importancia que tenía para Compostela la creación de esta institución para la democratización de la práctica y la educación musicales, con una evidente incidencia en el aumento del número de aficionados a la música y una mejor vertebración de este servicio educativo municipal como agente cultural de primer orden para el territorio. Compartimos este camino que se sustancia en que lo más valioso que ofrece la EMM es la creación de un ambiente motivador que favorece la aproximación a la música, compatible con el aprendizaje y el estudio especializado del instrumento elegido.

En este camino realizó productivos acercamientos que anuncian prometedoras cosechas en el ámbito de la dinamización musical: se le encomendó la dirección de la Orquesta de la Universidad de Santiago de Compostela; concitó el apoyo y la colaboración de profesionales de instituciones musicales de la ciudad, de la Real Filharmonía de Galicia, de la Banda Municipal y de escuelas de música que ocupan sus correspondientes nichos de formación musical, como es el caso de la escuela de música Berenguela; ha buscado la participación de músicos diversos, pertenecientes a la OSG o al Natalia Ensemble en la formación del alumnado de la ciudad; procura  el apoyo de mecenazgos en la formación de jóvenes músicos; explora nuevas iniciativas de programación musical en equipamientos culturales como el Centro Galego de Arte Contemporánea o el Museo de Arte Contemporánea Gas Natural Unión Fenosa; participa en la apertura de nuevos espacios y se compromete en el trabajo con profesionales de las escuelas infantiles municipales y de otros centros de enseñanza de primaria alrededor de propuestas de iniciación a la música en edades tempranas; en definitiva, favorece la práctica musical como resultado de colaboraciones diversas y complicidades buscadas —en la actualidad es profesor de violín y Jefe de Estudios de la EMM— en el funcionamiento estable del coro, de la orquesta, de la banda, de la agrupación de música tradicional y de otras agrupaciones de cámara, que hacen cotidiana desde hace ya tiempo la presencia de la música y de los jóvenes músicos incorporados a estas agrupaciones musicales en diferentes lugares de referencia del patrimonio histórico de Compostela.

Mario parece ser un observador perspicaz, un buscador de emociones, un músico inquieto preocupado por educar la sensibilidad, una condición esencial para el disfrute de la música. Sabe, como profesional de la educación, que hay que estar atento para que cada niño sienta el aguijón de la música. Y para este propósito valen, de acuerdo con las características particulares de cada caso, los diferentes agentes educadores: la familia, el educador especializado o uno mismo. Por algo, desde pequeño, en su casa siempre hubo un ambiente musical que promovió el disfrute y el estudio de la música.

Él asumió en primera persona el reto de volcar en este método de aprendizaje de iniciación al violín la posibilidad de motivar en el profesor, en la familia y en quien se enfrente al impulso de producir sonidos de modo estructurado, el deseo de conocer, comunicar y motivar hasta generar pasión a quien se va a relacionar progresivamente con este instrumento. Sobre la base del conocimiento del desarrollo evolutivo de la infancia y de su experiencia profesional, estructuró un método para el proceso de enseñanza-aprendizaje del violín desde las edades más tempranas. Lo concibió para guiar el trabajo de iniciación musical en las escuelas de música y en los centros de educación infantil y primaria, un recurso a disposición de profesores, músicos y educadores que buscan un acercamiento a la realidad musical, así como una formación específica en la perspectiva de un mejor conocimiento del instrumento. Sabe bien que la educación es un proceso no precisamente compatible con las prisas, en el que la vivencia de diferentes experiencias musicales en el tiempo logrará el hábito de la práctica musical.

Es pues otra expresión de su actividad creativa para promover el desarrollo de habilidades para el aprendizaje del violín, que da respuesta a una de las preocupaciones con las que convive a diario la Escuela Municipal de Música, motivo de muchos debates con sus compañeros y compañeras de claustro: la elaboración de métodos de aprendizaje musical y de otros recursos educativos que, con la incorporación de materiales didácticos de elaboración propia y partituras de autores seleccionados, ayuden a una mejor interpretación del instrumento elegido y del lenguaje musical. De ahí la preocupación por contar con una base musical amplia y sólida, resultado de múltiples enfoques, ya que incluso la composición —en la que ha dado algunos pasos— requiere la adquisición de un riguroso aprendizaje de sus fundamentos: la armonía, el contrapunto y la orquestación.

Así pues, la presentación de este método de iniciación al aprendizaje del violín será una útil herramienta para despertar en el alumnado la curiosidad por adentrarse en el mundo de este instrumento, porque si la conseguimos despertar, el aprendizaje estará asegurado. Resulta muy importante contar con estos materiales didácticos, ya que la iniciación musical conlleva trabajar de forma simultánea, en consonancia con las edades de que se trate, los diferentes elementos que contribuyen al aprendizaje: el ritmo, la danza, los juegos musicales, el canto… Y sobre esta base, sin querer conseguir de entrada resultados espectaculares, siempre con el acompañamiento del profesor, ir planificando su evolución en el conocimiento del instrumento. He aquí un mandamiento que se debe tener en cuenta en todo momento: hay que estudiar un instrumento para hacer música.

El autor imprime como resultado de su experiencia una marca original en este método de aprendizaje como reflejo de su proceso creativo. Su voluntad de intervención pedagógica en el ámbito de la música nos hace creer en un exitoso camino de experimentación de nuevas propuestas creativas. Su capacidad de trabajo y laboriosidad garantizan la eficacia en la creación de nuevos materiales de aprendizaje musical.

En el territorio de las ideas y en la elaboración de su quehacer musical, Mario Diz se alimenta de diversos autores: el impresionismo musical delata muchas de sus elecciones, aunque como él se encarga de transmitir, es el mundo de los autores del neoclasicismo musical el que ocupa buena parte de su labor de estudio y de dinamización musical. Para poner la guinda a estas líneas que tienen como pretensión poner en valor lo que emana de su trayectoria —una actitud de aprendizaje constante y una esperanzadora dosis de autocrítica para poder seguir mejorando—, echaré mano de uno de los diálogos que conforman el libro La música es más que las palabras, del director N. Harnoncourt, afortunado título tomado de unas palabras del romántico R. Schumann, que encierra un alegato único en defensa de la música: “El público está formado por seres humanos individuales que, a los cinco años, quedaron expuestos al olvido. Como niños de cinco años tendrían que haber jugado con la música hasta familiarizarse con ella, como era habitual en épocas anteriores a la suya. Esto solo es válido para los seres humanos más simples. Es completamente indiferente el entorno en que uno crezca y la profesión que se ejerza; todo niño pequeño debe estar en estrecha e intensa relación con el arte y la música. Más tarde, ese niño amará la música, podrá distinguir entre lo bueno y lo malo, y en adelante ya no podrá vivir sin música. Pero, sobre todo, esta experiencia le permitirá también ser un hombre bueno.

Por desgracia, entre nosotros las cosas hoy suceden de esta manera: la música ha desaparecido prácticamente de la educación, en la escuela se estudia poco y mal, y cuando a los 12 o 13 años los niños deben decidir si desean tocar la guitarra o la flauta, sencillamente ya es demasiado tarde. Y los que después lo hacen son apenas ese tres por ciento que se interesan por todo. Es una lástima. El público lo forman todos los seres humanos, nadie está excluido de pertenecer a él, y a estos seres humanos alguien debe familiarizarlos con el arte desde pequeños: deben aprender a dibujar, han de pintar y hacer música. Si no hacen alguna de estas cosas, les falta algo para la vida”.

 

Xosé M. Rodríguez-Abella Gómez

Pedagogo

Jefe del Departamento de Educación

Ayuntamiento de Santiago de Compostela